Terry Jones, pastor evangélico que quemó un Corán hace unos días y culpable indirecto de la oleada de muertes (al menos 20) y atentados ocurrido y derivados de esa acción en distintas partes del mundo árabe es el exacto ejemplo de intolerancia. Lo irónico de todo es que su idea no es demostrar que su creencia es correcta sino hacer ver que las de los demás están equivocadas, igual de equivocadas que la suya.
Según el diario
La Razón, este loco quiere "...
dar a conocer que «el islam y el Corán son los instrumentos en la tierra de la violencia, la muerte y el terrorismo»" Sin embargo basta con leer la Biblia para poder determinar que está plagada de citas que incitan a la violencia. Basta con ubicarse en el momento histórico correcto y fácilmente podremos determinar que lo que ocurre con el Islam ya ocurrió con el cristianismo, donde el fanatismo ciego llevaba a la muerte a quienes no compartían las ideas de los cristianos.
Jones quiere convencer al mundo que tiene razón, pero lo hace desde la cobarde protección de su suelo gringo ¿por qué no va a Medio Oriente a convencer a musulmanes que están equivocados?, ¿por qué no quema el Corán allí?, ¿acaso temen que le pase algo? bueno, si así fuera lo haría en cumplimiento de sus obligaciones como pastor y, en todo caso, no pasará nada que su Dios no quiera ¿o sí? las contradicciones entre lo que hace y lo que piensa son abismales.
Habrá que ver cuantos más participan de este circo en el cual Jones, este servilista mágico de un ser fantástico, se hace famoso a costa de la utilización de otros igual de fanáticos que él, pero más tontos aún. De hecho es un excelente ejemplo de cómo se pierde la capacidad de razonamiento cuando se está influenciado completamente por la religión. No importa si el manipulador comparte o no las creencias, lo que importa es cómo se utilizan para lograr un objetivo y eso es lo que Jones ha hecho. Sabía que su estupidez tendría una reacción violenta porque conoce al creyente, sabe que tocando la base de la creencia se tocan sentimientos e ideas profundas ligadas con nuestras ideas de sobrevivencia, al estar inculcadas y permanecer en esa misma escala de valores y eso ocurrió. La quema de un libro sagrado ha llevado a la muerte absurda de varias personas, inocentes al menos de estos hechos ¿alguien me dice qué tipo de dios bíblico, ya sea Alá o el dios cristiano, permite ese juego? Nuevamente queda demostrado que el único diablo que existe es el que vive en nuestros fanatismos, en nuestra propia humanidad y en la sin razón de creer algo a ciegas. Esa es nuestra verdadera condena, el actuar sin pensar, el no reaccionar como seres pensantes ante lo que está mal

Quemar un libro está mal, es una provocación pero es peor aún reaccionar violentamente, matando inocentes. De eso no hay duda alguna, sin embargo no pueden categorizarse a estos fanáticos en puestos distintos. Jones tenía conocimiento que podrían haber consecuencias al quemar el Corán, algo que explícitamente le advirtieron y no le importó. No nos engañemos, ambos tipos de fanáticos creen que están autorizados por su respectiva idea de dios para hacer todo, absolutamente todo, con tal de defenderla y eso es precisamente el riesgo del fanatismo.
Lo único cierto acá es que, parafraseando a Obama, asesinar gente inocente en nombre de un libro sagrado es una afrenta a la decencia humana y a la dignidad... cualquier libro sagrado y cualquier abuso, no sólo asesinar, es una afrenta hacia la propia humanidad y su capacidad de razonar. Eso no hay que olvidarlo.