martes, 6 de mayo de 2014

Pero que crédulo es el creyente

Ahhhh... los creyentes. Son tan crédulos. Y sobre todo basta una pequeña chispa para sacarlos de quicio. Lo que me ha causado bastante gracia ha sido la guerra santa que se ha dado en las redes sociales por las declaraciones de Bergoglio, respecto a los protestantes (específicamente pentecostales) y, posteriormente, con la santificación del Juan Pablo II y Juan XXIII.

Lo primero, porque Bergoglio menciona que deben unirse para ser un solo cuerpo, por lo que la pregunta de todos fue ¿en cuál iglesia?... de allí la locura en la red que si los católicos adoran muñecos, que si los protestantes no quieren a su madre, que si los católicos se bautizan demasiado pronto o si los protestantes demasiado tarde, que si los católicos aman al papa o si los protestantes aman al pastor y así... horas de horas de horas de banalidades mientras los meros meros, risa y risa...  ganando publicidad gratis, viviendo a sus costillas.

Lo segundo, porque es a todas luces absurdo santificar a alguien que se hizo de la vista gorda frente a los nazis y a un encubridor de pederastas. Bueno, acá si habría razón para decirles sus verdades a los jerarcas católicos, pero finalmente se va la discusión en que si los católicos adoran ídolos, explicando ellos que no lo son, refutandoles que si, defendiéndose los otros que no y que si y que no... mientras los meros meros, risa y risa... ganando publicidad... y hartándose a sus costillas...

Y así, seguirán utilizándoles como idiotas útiles (algo escribí en estas entradas El idiota útil religioso I, II, III, IV, V, VI y VII), ellos defendiendo sus creencias impuestas, discutiendo sobre cosas absurdas, subjetivas, improbadas y aleatorias y los otros, gozándose de sus diezmos y colectas... que crédulo es el creyente.