lunes, 5 de marzo de 2012

Patrones y mentiras cerebrales o cómo ser engañado por un cerebro

Hace unos días ví como frente a mí carro trataron de robarle la mochila a una persona. Fueron dos personas en una motocicleta y el que iba atrás lo jaloneó pero no pudo arrebatársela. Me pareció extraño ya que a pesar de vivir en un país como Guatemala, donde los asaltos y robos están a la orden del día, en lo personal casi no he visto ninguno. Al día siguiente mí esposa fue asaltada saliendo de un cajero automático. Fue poco, unos cuantos billetes, pero el susto no se lo quita nadie. ¿Por qué hago mención de dos eventos aleatorios, independientes y circunstanciales, dividos por muchas horas y kilómetros de distancia, acontencidos a dos personas distintas y, muy probablemente ejecutados por personas distintas? porque mi cerebro, indefectiblemente y sin propósito voluntario los relacionó, ¿una aviso divino?, ¿la providencia que pretendió avisarme?, ¿una premonición? no, la respuesta se llama apofenia y
... es la experiencia consistente en ver patrones, conexiones o ambos en sucesos aleatorios o datos sin sentido.

Ya algo escribí en su momento cuando revisábamos los vicios del pensamiento crítico en esta entrada. Nuestro cerebro tiende a facilitarnos la comprensión de nuestro entorno, para hacerlo nos permite relacionar patrones y poder entender lo que ocurre. Y, cuando ocurren situaciones desfortunadas, nuestro cerebro trata de darnos una respuesta que nos ayude a comprender porqué nos pasa. Para nuestro cerebro es más sencillo darnos una respuesta si ha existido un patrón similar y, al relacionarlos, nos da falsas respuestas. Lo importante para él es que sea respondida la incógnita y poco le importa si dicha respuesta es válida o no ¿extraño? si, pero cierto.


Hay un excelente artículo de Glenys Alvarez llamado "Interpretaciones cerebrales, buscando causalidad en la casualidad" que menciona un experimento realizado en voluntarios que habían sido operados del cuerpo calloso del cerebro, el cual une los dos hemisferios y cuya operación para evitar ataques epilépticos se resumía a muy grandes rasgos, en mantenerlos dividos.

Glenys nos dice:
[...] Los pacientes con los hemisferios desconectados tienen que percibir el mundo con ambos lados del cuerpo para que la información llegue a todo el cerebro. Para ver qué ocurría cuando aislaban uno de los hemisferios, pruebas específicas fueron diseñadas. En una de ellas, presentaron al ojo derecho una imagen de la pata de una gallina que sólo el hemisferio izquierdo percibió, al otro ojo le presentaron una escena de nieve, sólo el hemisferio derecho tuvo acceso a esa información. Después los pacientes tenían que elegir entre imágenes en una mesa frente a ellos. En las fotos estaba una gallina y una pala. Los voluntarios eligieron la gallina con la mano derecha y la pala con la izquierda, al preguntarles por qué optaron por esas imágenes respondieron: “Pues, esa pata era de la gallina y hay que limpiar con la pala lo que la gallina ensucia”.

El hemisferio izquierdo no tiene idea de por qué seleccionó una pala con la mano izquierda, nunca vio la escena de nieve, pero eso no lo detiene para explicar de forma coherente la aparición de la pala. Le es imposible decir “no lo sé”. Prefiere inventar.

Nuestro cerebro es mentiroso y uno muy bueno por cierto. El mandamiento de no mentirás se iría al trasto si Moisés le hubiera explicado a dios como funcionaba nuestro cerebro... desafortunadamente en esos tiempos bíblicos, no tenían científicos que les ayudaran a salir de la ignorancia por lo que sus cerebros les dieron las respuestas que podían entender.

Es obvio que la apofenia nos es útil para entender nuestro entorno, es una respuesta a la falta de conocimiento pero no necesariamente es válida y es el resultado de nuestra evolución y es precisamente por ello que debemos dudar incluso de nosotros mismos y poner en evaluación a nuestro propio cerebro para encontrar las respuestas verdaderas y no las que nuestro cerebro nos brinda.

Es fácil e incluso reconfortante creer que algo o alguien sobrenatural nos cuida, que me trató de avisar la posibilidad de un hecho desastroso o desafortunado, sin embargo somos víctimas de nuestro propio cerebro, de su ansiosa necesidad de obtener información y darnos respuestas en un mundo a la deriva en un Universo desconocido y aleatorio.

1 comentario:

Pikeru dijo...

Cada vez me alegro mas de haberme suscrito a este lugar. La mente humana, un tema muy interesante por ser uno que influye directamente en la percepcion de la realidad y el conocimiento de la verdad.

Lo triste de la fe es que no cambia y a medida que nuestro conocimiento avanza se va quedando atras.