viernes, 31 de julio de 2009

Lectura recomendada: Critica al Relativismo Moral



Últimamente la Iglesia ha utilizado la ambigua frase "Relativismo Moral" para condenar todo aquello que va en contra de lo que ellos mismos permiten.

Dicha frase presupone la existencia, en contrapartida, de un absolutismo moral, lo que a su vez presupone un conjunto de normas de aplicación obligatorias en sí mismas. El problema es ¿cuáles son esas normas que sustentan el absolutismo moral?, es obvio que en el caso de la Iglesia son las normas que ellos mismos determinan como tales, de forma unilateral y subjetiva.

La lectura está extraída de aca:

Relativismo moral (crítica)


El relativismo moral se plantea en el supuesto en el cual el sistema de las normas morales de un grupo o de un pueblo sea distinto del sistema de las normas morales de otro grupo o de otro pueblo. Sin embargo, el concepto mismo de relativismo moral es ambiguo, por cuanto en él se encierran dos situaciones factuales totalmente distintas, desde el punto de vista de su formato lógico, por un lado, y dos perspectivas también diferentes en lo que concierne a la cuestión de la fundamentación de esos sistemas.

Situaciones factualmente diversas:

(A) La situación en la cual se constata, como cuestión de hecho, la diversidad de sistemas morales de diversas sociedades que suponemos mutuamente aisladas (o dadas en perspectiva «distributiva»).

(B) La situación en la cual la diversidad de esos sistemas morales aparece cuando son adscritos a sociedades que se suponen en contacto o proximidad de contacto o confrontación mutua (es decir, en perspectiva «atributiva»).

Modos diferentes de entender la cuestión de la fundamentación:

(a) El absolutismo moral, a priori, del sistema de la moral. Se supondrá que entre los diversos sistemas morales existentes debe ser posible una ordenación axiológica, de peor a mejor, en virtud de la cual sólo uno de los sistemas históricamente dados, o una selección entre ellos, haya de ser considerada como el único sistema moral de validez universal. Sin embargo, acaso las evidencias con las que suele ser presentado el absolutismo del sistema de las normas morales se deba a que se tiene la mirada puesta en la universalidad de las normas éticas que, obviamente, han de darse siempre envueltas por las normas morales de la sociedad de referencia. Pero la compatibilidad, al menos parcial, de dos o más sistemas de normas morales dados con el sistema de las normas éticas (o con una parte de esas normas) no autoriza a deducir la compatibilidad de esos sistemas de normas morales entre sí.

(b) El relativismo moral, que postula la equivalencia moral de los diversos sistemas morales constatados, al negar la posibilidad de declarar válidos o inválidos, en función de una tabla absoluta de valores universales, a determinados sistemas morales. Por ejemplo, las normas morales de un grupo V que existe en el seno de un Estado E pueden dirigirle al ejercicio de una política de violencia y de terrorismo. El relativismo moral propugnará que el sistema de las normas de V es tan válido (para V) como el sistema de las normas represivas de E lo es para E (tanto si éstas envuelven violencia terrorista como si no envuelven un «terrorismo de Estado»).

En la situación (A) el relativismo moral puede declarar equivalentes moralmente a los diversos sistemas de normas morales, pues aquí relativismo moral equivale a un formalismo funcionalista de los sistemas morales, apreciados por su forma funcional y no por su materia. Pero en la situación (B) los postulados del relativismo se oscurecen. Ya no será posible, en virtud de la materia, mantener la tesis de la equivalencia moral de los sistemas morales enfrentados, puesto que ahora entran en liza los contenidos, la materia normalizada por esos sistemas morales. Si el grupo V de nuestro ejemplo anterior, al enfrentarse con E, manteniendo sus normas morales, llega a ser aplastado, habrá que concluir, en contra de todo relativismo, que las normas morales de E son superiores a las de V; su impotencia objetiva (siempre correlativa a la potencia de E) demostraría el carácter utópico (por tanto, contradictorio) de su sistema de normas morales (políticas), por tanto, su incapacidad para cumplir sus propios objetivos. Pero si, a su vez, las normas morales de E le condujesen a un estado tal en el cual V lograse sus objetivos, entonces el sistema moral de V demostraría ser superior al de E. Hay que considerar, por tanto, que el único fundamento de los sistemas morales, en situación distributiva, reside en su capacidad funcional (en su cooperación a la fuerza de cohesión del grupo) y que el único fundamento de los sistemas morales en situación de confrontación reside en su superior potencia, en su fuerza. Pero esta conclusión no significa que, por tanto «estamos reduciendo la moral a la ley del más fuerte». Puede siempre añadirse que el más fuerte lo es porque, entre otras cosas, tiene un sistema de normas morales que le permite serlo, es decir, porque reducimos la ley del más fuerte al sistema de las normas morales, materialmente entendidas, y no al revés. {SV 66-69}



* Imagen tomada de http://listocomics.com/ clic en ella para redirigir.

4 comentarios:

Marat dijo...

Realmente no entendí muy bien texto, pero yo estoy en contra de los términos del "bien" y del "mal". Ellos se establecen por múltiples circunstancias que influyen a los hombres y toda moral y todo orden que unifiquen a grandes masas de personas son siempre establecidos por la fuerza.

Miguel dijo...

El relativismo moral conlleva a la negación del concepto de moral. Si cualquier ley moral es válida, entonces ninguna es válida.

Yo opino que eso es cierto. No obstante, eso sólo demuestra que la moral absoluta no existe. Está claro que la "naturaleza" no posee normas morales (si los animales y plantas no son morales, entonces no parece que la moral venga de ahí), y sabemos de sobra que no existe un Dios externo que nos las implante (además, aunque existiera, la moral estaría sujeta a Su divino capricho, y por tanto podrían cambiar en cuanto le saliera de Sus divinos cojones).

Dado que no tenemos una fuente de donde pueda venir la moral absoluta; y dado que la misma esencia de la moral relativa hace que carezca de validez; ¿Qué nos queda? Técnicamente nada, pero...

Podemos crearla. Las normas de educación no "existen", pero las podemos crear. No "existe" ningún impedimento físico para que los jugadores de fútbol no agarren el balón con las manos. gualmente, no existe ningún impedimento físico para asesinar. Realmente, no tiene sentido decir que asesinar está mal, porque el mal no existe. No obstante, repudiamos el asesinato porque es útil para nuestra supervivencia como especie social. Necesitamos unas normas internas que rijan nuestra sociedad, porque necesitamos nuestra sociedad para sobrevivir. Pero la moral que creemos no dejará de ser "normas de juego", sin validez objetiva (es decir, universal).

¿En qué se diferencia esto del relativismo moral? Bueno, en que yo he introducido un carácter universal indirecto a la moral. Una moral será mejor que otra si es más útil. Dejo a disposición de mi interlocutor qué sería lo más útil, pero eso yasería una cuestión de establecer principios (si prima los bienes primarios por encima de la libertad de expresión, o la vida por encima de la libertad individual, o que se yo). El mejor sistema moral posible, dados unos valores arbitrarios determinados existiría, y podría tratar de averiguarse por medio de la razón, del mismo modo que un informático podría generar un algoritmo que maximizara los beneficios de un juego de azar.

La ética, como filosofía sería la búsqueda, en primer lugar, del conjunto de valores; y en segundo lugar, del algoritmo moral para maximizar esos valores. La ética por tanto no sería relativa, en el sentido de que no todas las opciones serían igualmente válidas; pero tampoco sería absoluta, pues la mejor opción posible dependerá de las premisas, de los valores que hayamos aceptado.

Minerva dijo...

Hola, ¿no sería mejor basarse en el bien común de una sociedad?
Ah y creo que el dibujo les faltó añadir enseguida de la cerveza el tequila, jeje.
Un saludo.

Señor de Xibalba dijo...

Hola, gracias por los comentarios.

Marat: comparto tu opinión. Los conceptos de bien y mal son circunstanciales y variables. No existen como valores absolutos e, incluso aceptamos limitar aquellos valores como la vida o la libertad, como anteriormente se aceptaron o limitaron otros valores.

Hola Miguel, gusto en leerte: Creo que lo que la Iglesia no entiende, o no quiere entender o se hace que no entiende, es que no existe un sistema moral erga omnes y, mucho menos, un sistema moral de que sea aplicable por que Dios así lo quiere.

Finalmente es el último fin de la Iglesia: pretender ser la brújula moral de la humanidad, como (desafortunadamente) lo fue durante siglos.

Hablar de Relativismo Moral cuando la Iglesia lo manifiesta es hablar de lo que la Iglesia pretende que el hombre sea de acuerdo a sus propios parámetros, lo cual es un absurdo, tal y como lo manifiesta el artículo y como lo has comentado, especialmente cuando te refieres a que no existen normas morales objetivas y que, como todo, dependerán de las necesidades de la sociedad y serán derivadas de la interacción social de modo que serán normas morales en tanto sean útiles.

Hola Minerva: tienes razón, el bien común de la sociedad debería de ser un buen parámetro pero ¿quién decide cuál es ese bien común?

Saludos