viernes, 5 de febrero de 2010

Cuento: La confesión del ateo

Un pequeño cuento de mí autoría. Espero que les guste y por favor comenten:

Estaba en su lecho de muerte el ateo y a requerimiento de la familia, que nunca aceptó su postura atea, se presenta el cura para preguntarle si desea la confesión.

El cura le hace ver que es su última oportunidad de aceptar al dios en el que éste cree y, por lo tanto, la supuesta salvación que ofrece...

Habiéndole dicho esto el cura le dice:

¿Quieres confesarte?

Y el ateo responde:

Si, quiero confesar.

Quiero confesar que en su momento, con mí vida aún joven, creí en un Dios Creador lleno de amor, quien es supuestamente nuestro padre y como tal se preocupaba por mí y mí familia y por todos los humanos, cuyo amor era libre de cualquier tipo de interés.

Con el transcurso de tiempo pude observar que el mundo es un lugar complicado, injusto, difícil, salvaje...

Observé cómo hombres y mujeres, niños y ancianos mueren de hambre y sed, de enfermedades curables, de guerras y males insufribles.

Me pregunté si un padre le haría eso a sus hijos y la respuesta fue que es el castigo de Dios hacia el hombre por haberle desobedecido...

Me pregunté nuevamente si eso era un Dios de amor y la respuesta fue que para salvarnos de todo esto envió a morir terriblemente al hijo que más amaba y nuevamente me pregunté ¿por qué un padre le haría eso a sus hijos pudiendo evitarlo?

No tuve respuesta sino un simple "nadie entiende los designios de Dios" o "no pretendas entenderlo con tú limitada capacidad"... capacidad que supuestamente Dios nos dio ¿por qué sería limitada entonces?

Me pregunté por qué Dios nos pide utilizar la fe y renunciar a nuestro razonamiento para conocerlo...

Dudé. En uso de la capacidad de razonamiento que supuestamente Dios me dio, inicié a investigar. Leí, averigüé, busqué respuestas.... y las encontré.

Pude determinar que existieron, existen y existirán dioses siempre que el ser humano no pueda responderse lógica y fehacientemente una duda existencial o del conocimiento.

Pude establecer que si un cura me confiesa es por que nací en Occidente; más si hubiera nacido en Oriente probablemente estaría en algún ritual musulmán o budista; si hubiera nacido en Haití en algún ritual vodoo y así, circunstancialmente... la religión es circunstancial y como tal no puede ser absoluta.

Pude darme cuenta que no se necesita a dios para explicar las dudas del universo y la vida ya que utilizarlo es simplemente cambiar el lugar de la pregunta.

Conociendo esto pude evaluar las ideas de dioses y concluir que, en cada caso en específico, los dioses que me han presentado son absurdos. Algunos más que otros, pero ninguno capaz de asumir el rol de padre benefactor y amoroso que me trataron de inculcar.

Ya no dudé, tuve la certeza que el dios que me han presentado no existe por que es absurdo en sí mismo.

Y a partir de allí fui feliz.

Pude centrarme en amar a mí familia toda vez que acepté mí temporalidad en el mundo, sin tiempos extras sobrenaturales. Amé y me amaron sin necesidad de creer en un dios de los muchos que hay.

Pude encontrar la paz de no tener que rendirle cuentas a un ser sobrenatural y, mucho menos, a sus supuestos delegados en la tierra.

Pude actuar confiado en que lo que hago es lo correcto por que así es y no por que tendré un premio o un castigo sobrenatural.

Pude entender el pensamiento del creyente y respetarlo ya que en la gran mayoría no actúan de mala fe, sino por costumbres y tradiciones inculcadas desde niños. Desconocen y su verdadero pecado es quedarse con lo que creen saber como una verdad absoluta e irrefutable.

Pude entender que dependemos exclusivamente de nuestro esfuerzo y dedicación para nuestra propia superación. Que no hay salidas fáciles ni sobrenaturales y que la comunicación con dios (oración, rezos, meditación o cualquier otra forma) es una pérdida del recurso más caro que tenemos en la vida: el tiempo.

Pude vivir mí vida sin sesgos ni ideas prefijadas. Pude tener criterio propio sin que éste lidiara con dogmas, directrices o normas religiosas.

¿Si quiero confesarme? pero no una confesión hacia un ser inexistente... quiero confesar y gritar esto a todo el mundo para que despierten del letargo religioso.

Que entiendan que dentro de las muchas circunstancias que pueden propiciar la violencia y las guerras y las muertes, la más absurda es la causa religiosa toda vez que se persigue un objetivo in demostrado e inexistente. Es matar y morir por nada.

Que debemos aprender de nuestro pasado y entender que nada bueno a traído la imposición religiosa, de cualquier tipo y por cualquier medio.

Que todos somos libres de creer y pensar lo que queramos, pero es nuestra responsabilidad buscar la razón ya que en caso contrario renunciamos al único elemento que efectivamente nos diferencia de los otros animales.

Pero, sobre todo, que puedes ser correcto, honrado y sobre todo feliz sin un dios.

Habiendo dicho esto el cura y la familia callaron... y el ateo murió... feliz.

14 comentarios:

Resentido Social dijo...

mas que un cuento me parece una cofesion tuya del porque sos ateo, me parece bien tus fundamentos, aunque no los comparto

Norberto dijo...

Me parecio un muy buen cuento, quisiera publicarlo en mi blog y por ello le escribo para pedirle permiso. Claramente en la entrada estará un vínculo hacia la fuente original (usted) y su blog.

Ha de responderme en kal.nobe.kent@msn.com y le estaría agradecido sea cual sea su respuesta.

Nos leemos.

hadnover dijo...

Demasiado bueno
Solo falto la parte en el atraso tecnológico en el que nos hizo caer al rechazar todo avances acusándolo de herejía

asimov dijo...

Plas, plas, plas,...

Excelente relato.

salu2.

Jack Rational dijo...

Muy bueno!

Saludos.

Elliot Rosa dijo...

Excelente!

Bayo dijo...

Hola:

Me sumo al aplauso de Asimov (pero de pie ante el computador). No tengo más palabras que agregar.

Saludos.

Bayo

Wílmer López dijo...

Muy bueno. Aunque me suena a esas parábolas que utilizan los creyentes con frecuencia.

Minerva dijo...

Excelente.
La verdad, al leerlo me sentí reflejada en el.
Un abrazo.

diego dijo...

Me gusto mucho! Mis felicitaciones...

Señor de Xibalba dijo...

Hola.

Gracias a todos por los comentarios.

Saludos

Ivan Gutierrez dijo...

Muy bueno. Lástima que probablemente el cura se hubiera sentido reacio y no hubiera entendido tal confesión.

sansoni2020 dijo...

La forma más ética de morir de parte de un ateo cuando un cura viene al lecho de muerte a pedir confesión.

Anónimo dijo...

la presencia del Dios penetra cada sílaba del cuento. Cada negación es una confirmación de su existencia. Sin duda escrito por un creyente.